¡Oh! Sí, ¡mierda! Me he acordado de ti, aquel pijo que les vacilaba en los locales nocturnos a las tontas que se derretían con esta canción de los O.M.D. Qué caprichosa es la memoria. Hace tantos años, y aún puedo ver con claridad lo pedo que estabas, con esos mocasines negros de diseño italiano, con tus maneras de lord inglés, con tu sonrisa casi perfecta que parecía un Martini con la temperatura justa, un Martini que humedece los labios carnosos de las modelos que te tirabas. ¡Ah!, qué cuco eras, artista de pacotilla, aquel rollo que te marcabas te valió algunas memorables jornadas de ajetreo sexual, pero ahora... ¡queda todo tan lejos! Fíjate, yo entonces escribía a mano mis primeros versos, probablemente con un mordisqueado bolígrafo BIC. Después... ¡Oh, sí!, después me parecían buenísimos, me creía el mismo J.R.J. reencarnado, ¿te das cuenta de lo que te digo, pijo? El mismo J.R.J. reencarnado en mi cuerpo de veinte años. El mismo J.R.J. que se hacía enjuagues bucales con un Martini en su punto. Bueno, tal vez no fuera un bolígrafo BIC, mas de lo que estoy seguro es de la hermosa, triunfante, máquina de escribir que usaba. Aquella Olivetti Pluma 22 color verde oficina franquista. Mis versos aquellos, mis lindas aberraciones de quirófano y laboratorio secreto. Entonces yo escribía con más dolor que con sentido común (ahora lo hago igual, pero paso totalmente de J.R.J.), más dolor, mucho más dolor, cuando el dolor era un fuego y una herida real. Ahora esto que llamo presente no es ni dolor ni una mierda que se le parezca. Aquel dolor de amores muertos, imposibles amores, deseo de la carne de aquellas musas que te tirabas, aquella canción que era un vídeo de un pijo como tú conduciendo un coche caro, tal vez un Aston Martin, o un Jaguar, o un Volskwagen, yo qué sé, un descapotable de los cincuenta, un pijo conduciendo por parajes decadentes como malos poemas modernistas. Tú, y tus lustrosos mocasines y tu bella sonrisa y tu seguridad estilo johnwayne y las pijas tontas pululando a tu alrededor como abejas insatisfechas, mi poema arrugado en un bolsillo, sin dinero para el siguiente cubata que me hiciera más amable la noche, mi poema escrito por un arrugado J.R.J., y la canción de fondo, la canción, el petulante paisaje por el que me pierdo.


