Negro después del oro y negra entregas
los palacios del lago subterráneo.
Allí esmeraldas luces hipnotizan.
Allí es el sacrificio de los astros
que aprisionan espíritus del sueño.
En torno a tus distintos nombres crecen
criaturas de escabrosas pieles púrpuras,
allí en tus aposentos mayestáticos.
Allí grímpolas marcan tus perversas
cicatrices, princesa de lo negro.
Negro agonizar das a quien te adora
allí entre crucifijos cristalinos,
allí entre crisopacios, entre látigos,
delirios luminosos y febriles
tragos, tu placer es luna de invierno.
Llego a tu mausoleo al fin, princesa.


