Leonor, ¿me recuerdas? Los álamos del camino, el río, las montañas salvajes de aquella tierra fría, inhóspita, adorada por los dos, tu mano en la mía, ¿recuerdas?, tu voz de niña, sí, en mi oído. A lo lejos, las campanas, y tu muerte. En la noche de tu alba. ¿Me recuerdas?, ¿puedes recordar al hombre que amó? El que amó el rocío de tu juventud primera, cuando todo a nuestro alrededor eran miradas de reproche y descontento. Si supieras quién soy ahora, Leonor, mi niña. Si supieras en qué me he convertido; si, al menos, leyeras un párrafo de lo que te escribo. Pero tú, tú tan lejos. Ahora posiblemente con tus compañeros de instituto, posiblemente en un viaje de fin de curso, ¿acaso por tierras de Francia? ¿El Duero? No creo. Mejor te imagino en Londres, en Barcelona, ¿Verona? Ya no soy tu Romeo. Imagino, y sigo imaginando, a tu mozo; ahora sí es un mozo, no aquel señor circunspecto, el profesor que te hablaba recto y pausado. No el que un treinta de julio te desposó entre suspiros y murmuraciones. Un mozo que te abraza como la tierra a raíces de olmos y álamos. El muchacho de melena revuelta y camiseta festiva. ¿Hace skate? ¿Juega a Guitar Hero? ¿Recibe muchas visitas en su perfil de Tuenti? Verás, Leonor, que no he perdido el tiempo. Leo, leo mucho, es lo que más me gusta, como antaño. Ahora sigo la prensa diaria en mi portátil. De hecho, te escribo estas líneas con este práctico pequeño artefacto. Quién lo diría. No encontrarán otra vez un papel en mi último bolsillo. Supón que muero, ¿en el extranjero?, como debe ocurrir, ¿hallarán un lápiz USB con inéditos, con poemas de infancia, de amor? Leonor, te veo tan guapa; el ejercicio te sienta bien, ya no más aquella niña de salud quebradiza; te veo, cuando tú ni siquiera sospechas que he vuelto a existir, en otro, como tú vives ahora en ese cuerpo ágil y resplandeciente. Muchacha lejana, dormida para siempre en mis viejos versos, resucitada a cada instante por los deseos de este hombre descontento que ya bien sabe que nunca más volverá a desposarte. Aquel azul verano, el sol de tu silencio.


