Rotos los sellos, rotos los secretos,
podridos los jardines, ¿qué he perdido?
Podridas las ciudades, ¿qué he vivido?
Rotos los cuerpos, rotos los sonetos.
A ciegas en la noche amé esqueletos,
sueños de un jovenzuelo introvertido.
A solas susurré nunca te olvido,
y en el bar olvidé los amuletos.
Salí a ver las estrellas y vi muerte
y un tipo con vestido de arlequín
y bermejo tatuaje de violín
que apostaba su vida sin más suerte
que la de un pobre diablo que aún espera
romper los tratos con la Ley Severa.



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