Un puñetazo, que viene desde el hígado y traspasa la boca, doy a la piedra. Mi escenario es un desierto rojo. Meto fuego a mis inviernos y huyo al estiércol y bebo en secreto el lodo de las casas difuntas. No más tu verano sol lozanía follaje canción de ritmo ágil y caléndulas ardientes sobre fondos de azules. Mi dios rojo me pide un sueño, una noche de gritos, un gesto de rostro desesperado, un llanto en un portal, un verso iracundo al borde del coma etílico, mi dios rojo necesita mi ira presidiaria de luna creciente y la furia de mi piedra puñetazo hígado boca hinchada, mi fanático dios rojo me habla insatisfecho y me aloja en un desierto rojo y me arroja inviernos y estiércol y fango para alimentarme. La gente en los aeropuertos se golpea con los vidrios de la realidad regaliz pegajosa, se aprietan los testículos para recordar los nombre agendas entregas inmediatas, para recordarse encima de la mujer de sus sueños adolescentes, para encontrarse perfectos en la confusión de sus días, se retuercen los testículos en vano intento de ser gloriosos titanes, todos esos señoritos que viven in the other side, en los barrios altos del regaliz realidad pegajoso, hundidos hasta la sombra en sus jacuzzis, con sus peinados a navaja estilo oficial del III Reich, perfumados con almíbar y vulva, pringosos de constelaciones servidas al compás terciopelo de lounge music, hielo estrellas maserati & lamborghini, mas mi dios de rojo esplendor solloza con la cara partida en una trifulca, chillidos de furcias, callejón trasero de los muelles, moscas, ratas, rusos y negros mal encarados, acero en los puños, vidrios de circo errante hundidos hasta la bajamar del hígado, mi novia la cajera y mi novia la chica de la limpieza con los moños amoratados de anonimato y miseria, horas de cocina, horas de gimnasio, horas de puños contra la piedra, contra la piedra que al fin entra en los dientes y saborea la carne de mi loco dios rojo.


