Pequeña muerte, al fin has venido

Mi pequeña muerte que vas conmigo a todas partes, cuánto soy tú misma, diminuta muerte que no me dejas. Encima de este hombro estallas y luego acurrucada en un bolsillo de la cazadora te presentas sumisa, pequeña muerte de mis cortos días.

Si yo fuera tú, ¿qué rostro de hombre serio vería, si yo fuera tú? ¿Qué vería desde esas yemas que oprimes con tus toscas y dañinas tenazas?

Tú, mi pequeña e incoherente muerte que no me dejas, queriéndome tanto con tus vacías caricias, con tus palabras secas.